Terakaft "Ténéré" (Out Here, 2015)

Hay algo en el Folklore de África, Asia y Sudamérica que conecta con la gente de una forma misteriosa y primaria, no sé cómo explicarlo, llega a lugares de tu cuerpo, de tu corazón y de tu alma (juro que no voy a ponerme a hablar de Júpiter retrógrado para el signo Leo) a los que Ariel Pink, Tortoise o el último de Nacho Vegas nunca llegarán.

Yo no sabía que tenía la capacidad emocional de soltar unas lágrimas viendo un directo por ejemplo y la última vez que vi a la Orchestre Poly-rythmo de Cotonou además de mover partes del cuerpo que no sabía que podía mover me vi de pronto invadido por una emoción en el pecho insoportable, un mezcla de alegría, ansiedad y un “joder, está pasando” mental, aquello fué como una celebración de todas las razones por las cuales -supongo- me apasiona la música, un homenaje a la cuerda espacial que hace vibrar en la misma frecuencia a la gente, haciéndola olvidar de mierdas varias como qué camiseta se van a comprar para ir al próximo Primavera Sound.

Algo parecido me pasó la primera vez que escuché a Terakaft, un grupo Tuareg que -opinión personal- debería ser tan o más “popular” que Tinariwen (probablemente la única banda del desierto del Sáhara que le gusta al que sigue refiriéndose a la peña de Marruecos como Moros), pero bueno, ya sabemos que aún somos idiotas y necesitamos que el hombre blanco nos siga diciendo “Hey Bro ahora mola la Chicha Peruana ¿ no lo sabías ?" (o Cumbia Psicodélica, para los turistas), o que un Dj inglés pille discos en Turquía, no le pague ni un kebab a los autores originales y triunfe por todo lo alto en Europa vendiendo "selecciones" que cuestan un ojo de la cara. En fin, que hay mucho de cuestionable en esta revalorización algo ficticia / oportunista de todas estas músicas increibles.

Injusticias del primer mundo aparte (siento mil la chapa) el hecho es que Terakaft tiene nuevo disco y eso, eso se celebra en esta casa amigos. Los de Sanou Ag Ahmed siguen llevando -como en todos sus discos anteriores- la guitarra eléctrica a su mundo, a su forma de verlo y sentirlo. Sí, venga, esto es blues del desierto (si lo quieres reducir a reseña de dos párrafos de La Razón) pero además conecta contigo, con un campesino Magrebí y con la chica Sueca que acaba de llegar a disfrutar del verano al AirBnb de detrás de mi casa, todo por razones que es mejor no intentar entender o teorizar (más que nada porque te sientes imbécil).

Si algo hace particular la música de Terakaft (y la de otras bandas Tuareg en general) es esa forma de pasarte por los pies, quedarse un rato en las caderas, invadirte el corazón y explotarte en la cabeza, todo esto al mismo tiempo que manifiesta en sus letras una profunda tristeza por la inmensa injusticia en la que se vive por esas tierras. Cómo diablos hacen eso ? supongo que de la misma forma en la que siglos atrás los esclavos negros en Perú se motivaban para hacer las duras labores que ordenaban sus amos: Cantando y bailando, llegando así a crear un legado de músicos y música extraordinaria, por citar un ejemplo muy preciso de los cuatro millones que deben haber cuando se habla de folklore más allá de Norteamérica y Europa.

En Téneré (los de las distros han decidido cambiarle el nombre al de Alone para que te lo puedas pillar en El Corte Inglés y el curator de la Fnac no ponga cara de "¿ein?") Terakaft parece no pretender cambiar su música o sus canciones con respecto a sus anteriores discos. A base de tindés, palmas y esa forma de tocar la jodida guitarra eléctrica que sólo tiene esta gente bendita del Sáhara la familia de Dara (miembro fundador de Tinariwen por cierto) y su sobrino Sanou te ponen a bailar, te dan alegría y te ponen triste por igual (en “Itilla Ihene Dagh Aitma” por ejemplo parece que de pronto saldrán los dos soles de Tattoine por tu ventana), es un ejercicio muy bonito de honestidad, de ese tipo de honestidad que te aleja del egoísmo tan propio de estas épocas y qué te hace pensar en cómo estamos empeñados siempre en joder lo que realmente vale la pena en este mundo, es un puto drone gigante.

Decía Dara en una entrevista hace poco: “Hay muchos jefes en el mundo, demasiados jefes y poca gente de verdad. Una Kalashnikov tiene treinta balas en el cargador, una vez que se haya vaciado se acabó, no quedará nada. Una guitarra no tiene límites, es infinita "...y esta es la parte donde yo cierro mi bocaza y tu sales corriendo a pillarte el disco, te lo bajas de un blog o lo escuchas en Spotify….hazlo, POR FAVOR y cuélgate y vibra en esa cuerda espacial y tristemente imaginaria (al menos por ahora) donde todos deberíamos estar.