Rayo 60 "Los Mares de Sonora" (Zona Watusa, Hidden Tracks, 2018)

¿ Os habéis dado cuenta como en estos últimos años nuestra interacción con el mundo que nos rodea carece cada vez más de lenguaje corporal ?. Ese elemento imprescindible para cosas tan importantes como la química, la seducción o el real conocimiento de una persona se diluye en cada Match de Tinder, en cada chute de adrenalina en Happn. Claro que os habéis dado cuenta.

Imaginaos una conversación de WhatsApp donde una de las partes escribe en su teléfono: "Son buenos tiempos para la música Ambient" y la otra interpreta eso como "¿ Son buenos tiempos para la música Ambient ?". Todo es relativo y fácil de malinterpretar en estos días, especialmente dentro de un género que nació siendo políticamente incorrecto, creció satanizado y hoy parece estar en la cresta de una ola donde la etiqueta vende más que el contenido y la obsesión por re-descubrir y re-valorizar músicas crea literalmente paranoias colectivas dentro del grupito de "taste-makers" actuales. LOL, emoticon de gatito, WTF.

Y os preguntaréis, ¿ y qué diablos tiene que ver esto con el reciente lanzamiento de un k7 inspirado en el libro La Perla de John Steinbeck ?. Probablemente para su creador -Ander Agudo, donostiarra afincado en Barcelona- absolutamente nada, pero ya que no pienso profundizar en el rider técnico de Rayo 60 en este texto y francamente me importa poco con qué hardware se han hecho sus canciones se me ha dado por meditar sobre la posible conexión de los tracks de Ander con el citado libro de Steinbeck que -según la Wikipedia- se utiliza en algunos lugares como una invitación a reflexionar sobre la ética y el proceso de cambio en la forma cómo nos relacionamos.

"Los Mares de Sonora" pareciera(n) ser un simulador de lenguaje corporal procesando información dentro de una charla virtual entre vosotros y el mar, el bosque o lo que inspire vuestros más elevados sueños. Sus canciones te zambullen desde el inicio en una bola acuosa de estática que burbujea en los oídos y que misteriosamente transcurre veloz en el reproductor de turno. Sé lo que estáis pensando, últimamente cualquier reseña (esta incluida) de este tipo de discos está más cerca de ser un ejercicio mierdoso de "free-style-hiperbólico" que de una razón objetiva o cualitativa para escuchar unas cuantas canciones, el caso es que el trabajo de Agudo en este disco -por una serie de razones que prefiero seguir experimentando que insistir en describir- se siente honesto y sin más aspiración que hacernos disfrutar del viaje. Un viaje que os inyectará bocanadas de aire fresco en los pulmones y os hará sentir algo más conectados con las cosas y las personas de la vida real, allí donde el lenguaje corporal cobra vida y las chicas se tocan el pelo cuando quieren ligar.