O.A.S.i "Il Cavaliere Azzurro" (Soave, RE 2017)

No es un secreto que ultimamente parte de la escena musical italiana de los ochenta que durante tantos años permaneció en el misterio absoluto -no para todos por suerte- viene siendo tratada con mucho cariño por parte de sellos especializados que se han dedicado a reeditar verdaderas joyas 1 de compositores italianos que cabalgaron por terrenos que a día de hoy incluso se resisten a ser enmarcados en un espacio temporal.

Paolo Modugno fue uno de ellos y el disco que nos ocupa una maravillosa obra pensada como la banda sonora de una obra de teatro experimental. La música que abriga Il Cavaliere Azzurro -donde también colaboraron Ermano Ghisio Erba, Gino Castaldo y Massimo Terracini- parece un refugio para el alma imposible de ubicar en alguna época y cuya referencia más cercana (a la par que muy lejana) podémos encontrar en la música concreta, el minimalismo, el norte de Africa y lo más bonito que se les venga a la cabeza, literalmente.

Las piezas de Modugno son algo parecido a caminar descalzo por la arena, cruzar miradas con la chica que te gusta o la sensación esa que se produce en las personas cuando ven un eclipse solar. Este disco te puede dejar fuera de juego en el sentido en el que el día después de una catástrofe climática te puede dejar fuera de juego.

El tópico ese de "La música que se hacía antes era mejor" empieza a cobrar un sentido muy jodidamente real después de escuchar esto y si bien estoy exagerando (ahora mismo suena Il Gioco Dei Sogni y estoy a punto de largarme a buscar a Kevin a algún paraje inhóspito de Nueva Zelanda) es muy probable que os pase a vosotros también que durante los treinta y siete minutos con tres segundos que dura el disco se os aparezca el boss del expresionismo Vasili Kandinski rodeado de ángeles a pintaros un mundo mejor y os lo traguéis todo con patatas. Bienvenidos y buen viaje.

1 Ya que no pienso escribir sobre tanta belleza tres veces consecutivas, este vuestro blog amigo os recomienda encarecidamente escuchar dos discos más: Riflessi de Riccardo Sinigaglia -un monumento hidro-espiritual y contemplativo a lo que sea que os haga felices- y el "Olimpic Signals" de Giovanni Venosta que sería una falta de respeto describir con palabras...y eso es un hecho no una opinión personal. Venga, volad muy lejos.