Nels Cline Singers @ Nova Jazz Cava 19.03.2015

Con excitación contenida nos plantamos a las 21:54 en el Nova Jazz Cava, ambiente middle age bastante para arriba, charla distendida, barra larga y buena parte de los asientos ya ocupados. Uno apela al respeto del aficionado al jazz pero no deja de imaginar la aterradora escena del concierto con murmullo constante. Desde la primera nota se disipan las dudas favorablemente.
Tomamos asiento en la parte trasera de la sala y hasta que empieza el show me da tiempo a pedir unas birras y ser consciente de que estoy cumpliendo un sueño que transciende lo musical.
Los putos Nels Cline Singers, t h i s i s h a p p e n n i n g.

Breve presentación del simpático organizador local (ese ‘nels cline sinyers!’) y se abre el cielo.

Suenan las primeras notas de la envenada Forge (cierro el puño, la cosa empieza bien) y atacan después con A Mug Like Mine (primera de las dos píldoras Instrumentals de la noche), perfecto epítome de los Singers, en el que a mitad de recorrido injertan una versión menos encorsetada y más salvaje que en disco de King Queen. Todo a favor; sonido cristalino y el cuarteto en plena forma.

Como se anunciaba al principio, tras un primer set de 1 hora aproximadamente (basado en material pre-Macroscope) nos regalan una tregua-regodeo de 15 minutos.

La segunda parte del recital se ciñe casi exclusivamente a su último álbum de estudio. Cyro Baptista, el cuarto Singer en esta gira, gana protagonismo con su disparatada cacharrería percutiva, que en la mayoría de los casos aporta mucho y bueno a nivel rítmico pero que en algún momento le acerca peligrosamente a mero entertainer. Más allá de la aportación al conjunto del brasileño, Scott Amendola lo acoge como un hermano con el que sus travesuras cobran más sentido. La complicidad es total.

Canales’ Cabeza y Respira (precedidas por una intro/batucada hilarante de Cyro) suenan con variantes y matices que, una vez más, superan su versión de estudio, y en Sascha's Book of Frogs el fraseo de Nels abre juego a la versión más libre de las otras 3 cabezas pensantes. Seven Zed Heaven se postula como el colofón ideal; homenaje inicial a Miles Davis que se transforma en un bucle épico de intensidad ascendente. Patas arriba. A partir de aquí minutos de descuento para paladear la victoria, pero todo será pequeño en comparación. Sin tiempo para asimilar que empieza el descenso nos regalan una última y deliciosa pieza con aires klezmer que se aleja de la grandilocuencia de la precedente pero que sirve de paracaídas perfecto para retomar contacto con la tierra. Todos a salvo, supongo, aunque huele a seso quemado.