Kero Kero Bonito

Flamencos en el sótano

No hace falta hacer un doctorado en escucha musical para darse cuenta que “Flamingo” es la mejor canción del pasado curso y seguramente una de las más bonitas y arrebatadoras de todo el universo mundo. Da igual edad, clase social y credo: entra en tu cabeza y el flechazo es instantáneo, haciéndose grande a cada escucha hasta llegar a un momento en el que te planteas hasta qué punto pondrías en peligro tu vida si tomas la decisión de ponerla como tono en tu teléfono móvil. No incluida en su lp-mixtape-debut "Intro Bonito" (self-edited, 2013), fue publicada dentro del estupendo recopilatorio "shh#ffb6c1" (Secret Songs, 2014). “Picture This”, publicada escasas horas antes de haber escrito esto, no será la canción del año porque "Fanta" de easyFun ya se lo pidió, pero es otra joya para guardar bajo la almohada y sacar a pasear en esos ratos tontos que a veces a uno le pide el cuerpo.

Kero Kero Bonito. Exótica y radiante papilla de excentricidades varias: Risibles discursos sobre cocodrilos pequeños, perros contra gatos, fiestas de cumpleaños y graduaciones. Mezclada y disuelta entre extravagantes rescates sonoros de lo más hortera de la escena raver-bigbeat británica de los 90, sonoridades wonkyRPG, petardeo kawaii, ecos de 808 State y guiños descarados a Koji Kondo y Yasunori Mitsuda. Su condición de banda susceptible a entrar en cualquier lista de “guilty pleasures” te lleva a chocar frontalmente con el dilema de qué es lo grotesco y qué es lo adorable en este ambiguo pentagrama. Se mueven en la fina línea que separa lo abrazable de lo aostiable, un poco dando pie a que pongamos en práctica aquel sano ejercicio de recontextualizar nuestra visión de la música.

Alineación titular:

  • Sarah Bonito (Sarah Midori Perry). Una simpática japonesa criada en Londres que pone voz (en inglés o japonés, según le dé), alegato naif y coreografía powerrageresca a las canciones.

  • Gus (o Augustus Bonito). Quizás el ente más interesante del grupo. Con otros dos proyectos en la chepa: Augustus, con el que da rienda suelta a su sensibilidad shibuya-citypopera (algo así a medio camino entre Cornelius y Tatsuro Yamashita), y el otro, más reconocible si has seguido de reojo por Fact y sucedáneos la escena electrónica del año pasado: Kane West, héroe destacado de los dosmilcatorces y miembro de peso de la escudería Pc Music.

  • Jamie, del cuál no me he preocupado en buscar información. Pero ahí está. Conoció a Gus en la escuela y juntos reclutaron a Sarah tras mandar un mensaje de petición en una agencia de contactos, quedar con ella y observar obsesiones comunes como Tomb Raider o Kyary Pamyu Pamyu.

Es maravilloso (por lo insólito) el hecho de que te tengas que acercar a un sótano cochambroso para ver a un grupo tan (en contraste) candoroso y radiante. Cada canción que trasladan al directo se convierte en himno absoluto, a través de puestas en escena lo más idiotiles posible. Un ensalzamiento al que contribuye que la mitad de la asistencia la compongan seguidores hooliganescos del grupo y la otra conocidos y coleguillas de la banda. Jackdansu, Bo En o Danny L Harle fueron algunos de los presentes que mi lado friki pudo reconocer pululando por allí.
Uno de los alicientes de la noche era contemplar y analizar de cuerpo presente el ecosistema “pcmusiqueril” en todo su esplendor, y con los resultados extraídos de mis exhaustivas observaciones puedo afirmar que son súper positivos. En las sesiones que rellenaban los ratos muertos entre bolo y bolo sonaban indistintamente hits petardos japoneses, himnos de cuño PC Music y temas de Mariah Carey. La convicción con la que la gente bailaba y tarareaba estos temas me conmovieron profundamente :’)