Earl Sweatshirt “I Don’t Like Shit, I don’t Go Outside” (Tan Cressida/Columbia, 2015)

Mirarse la punta de los pies sentado en la cama.
Quedarse tumbado en el sofá fumando porros en vez de salir fuera en un día soleado.
Pensar en buscar novia y en comer Doritos.

Va bajando la fiebre que puso a Odd Future en unos niveles de hypismo nunca vistos antes en la escena hip hop desde los tiempos de Wu Tang, y siguen saliendo grandes discos publicados por miembros del colectivo.
A nivel personal el que más me ha impactado siempre ha sido Earl, más allá de la fascinación mediática por su biografía y su juventud (estamos hablando de un nano de 21 años) uno pone sus discos y, joder, se nota que ahí hay algo especial. Cierto, los puristas no están cómodos con Earl (quizá porque no parece muy interesado en pagar tributo a la tradición de la música negra como hace Kendrick Lamar en su último disco) y se hace jodido hacerle el juego a la maquinaria mediática, pero escuchas “Faucet” o “Grief” y ya no importa nada de eso. No piensas en si es strictly hip hop o no, no piensas en Pitchfork ni en MTV ni en Coachella ni en Primaveras. No. En tu habitación estás tú y Earl y te lo está explicando en la cara. Sigue siendo el teenager jodido por la muerte por su abuela, que no sabe cómo lidiar con los porros y el Xanax, que pasa demasiado tiempo en el sofá y que no entiende mucho de lo que pasa a su alrededor. Suena familiar, verdad? Se pueden decir muchas cosas sobre el chaval pero “I Don’t Like Shit” refleja maravillosamente ese sentimiento característico de la post-adolescencia mezcla de introversión, asco y resignación sobre lo que es la vida adulta (una reseña del LA Times lo relacionaba acertadamente con Nick Drake).