Brave Radar "Lion Head" (Fixture Records, 2016)

Recuerdo que cuando era pequeño mi padre estaba obsesionado con su coche, un Camaro negro del 69 que nunca le vi conducir y que tenía cuidadosamente aparcado frente a casa. En mi familia era como un misterio sin resolver, como una habitación a la que no puedes entrar y nadie te explica el por qué. Siempre he pensado que mi padre nos abandonaría pilotando ese coche y que iría delinquiendo como un cabrón allí por donde fuera. El día que marché de casa el Camaro negro de mi padre seguía impoluto y estático en el mismo lugar donde había estado aparcado por más de veinte años, aquel día el sol le pegaba en el capot haciéndolo aún más misterioso. Era una imagen bonita y macabra a la vez, como los discos de Young Marble Giants ese coche era una caja negra cuya simpleza sintetizaba las escenas terroríficas que me imaginaba pasaban en su interior.

Tessa Smith y Conor Prendergast (Brave Radar) parecen haber hecho todas las canciones de este disco atrapados en el interior de aquel coche. Su música es una batalla continua entre tensión, minimalismo y pop fantasmal. Los canadienses se deben haber escapado alguna que otra noche en el Camaro negro para robar gasolineras, ver el sunset al lado de dos cuerpos aún por enterrar y fumar Ducados tumbados en su capot con Morricone y Broadcast sonando en la radio.

Así como las bandas sonoras de Cliff Martinez (vale, igual estoy exagerando, en realidad no tienen nada que ver pero...you know) la pareja de Montreal te va paseando a diferentes velocidades por su particular álbum de recuerdos retro-futuristas. Cada riff de guitarra, golpe de batería y línea de bajo funciona como cliffhanger para llevarte de la mano a lo que parecen ser competencias continuas para saber quien exhala a menor velocidad.

Cuando termina el disco tal vez te pase como a mi que me lo vuelvo a poner sólo para intentar entender por qué el pop medio twee (circa Olympia en los noventa, no os paséis) de Brave Radar me atrapa tanto, en teoría yo ya debería estar muy por encima de todo eso (..de ser pretencioso..) y de repente vuelvo a ver ese coche negro estacionado delante de casa. Lo llevo viendo allí veinte años, muchas cosas han pasado alrededor de el, yo mismo he pasado alrededor de el y entonces entiendo el poder de este Lion Head, sus canciones son como tele-transportarte a un lugar seguro, a una zona de confort con el grado de oscuridad justa como para quedarte un buen rato dentro, meter primera y justo donde el pavimento corta el sol naranja a la mitad empezar el viaje.