Benjamin Lew & Steven Brown "Douzième Journée : Le Verbe, La Parure, L’Amour" (Crammed, 1982)

De vez en cuando suelo utilizar la palabra "misterio" o alguno de sus derivados para describir la música que me gusta. Me imagino que hago esto porque es esa parte de las cosas -la parte que no entiendo- la que me hace volver constantemente a escuchar un disco, ver una película, volver a un lugar o a una persona.

Cómo llegó este disco a mi casa es un misterio (sinceramente no tengo idea, no lo recuerdo), por qué el mismo día que lo escuché un amigo al otro lado del océano me llamaba para recomendarmelo…..es un misterio, cómo lo descubrí podría ser perfectamente la banda sonora del propio disco y sí, todo eso es...."misterioso", es como una de esas pinturas colgadas en alguna de las mansiones que investigaban Scooby Doo y sus colegas, sientes todo el rato que algo te observa y te lleva a algún lugar.

Desde el minuto cero Douzième Journée te transporta a algún lugar y tiempo indefinido, te lleva de la mano por un camino donde la única luz que verás no está al final del túnel sino al inicio. No sé qué tenían planeado hacer Benjamin Lew y Steven Brown cuando se juntaron para crear el LP en el 81 (ubicar este disco en el tiempo sólo escuchándolo es imposible) pero el resultado es algo así como ponerte a Whitehouse en el salón y una banda sonora de Alessandro Alessandroni en la habitación mientras todos los pajaros de la peli esa tan famosa del Hitchcock te persiguen de un lado a otro consiguiendo en tu cabeza una mezcla stereo de todo lo que estuviera sonando en tu casa y en el vecindario.

Si te hace sentir mejor persona pensar en cosas como las retransmisiones de alguna sonda espacial o las grabaciones de campo de Roberto de Simone y no conoces este disco envíame un mail por favor, porque sinceramente estoy empezando a pensar que todo esto realmente no existe, que alguien se va a quitar la máscara y el disfraz en algún momento y fijo que es otra vez Jan Jelinek, los chavales detrás de la creación de Abul Mogard o el puto Jim O’rourke y yo ya no sé en qué mundo vivimos la verdad, seguro que empieza con M y termina con O, como todo lo que me gusta, la respuesta está allí fuera y espero jamás encontrarla.