Abul Mogard "Works" (Ecstatic Recordings, 2016)

Un obrero pasa media vida en una fábrica de metales en Belgrado y, al jubilarse, se​ encuentra con que ese ambiente aplastante, que lo alejó de su arte durante media vida, lo tiene aún poseído y se libera como una fuga de gas desde lo más hondo de su ser, con el poder de los osciladores que él mismo construye y ese reverb gigante que sólo pueden dar las vivencias repetitivas.

Parece el argumento de una película de ​Kaurismäki, pero es cierto. Abul Mogard es ese artista realmente outsider, sin educación formal ni autoinfigida, quien ­seguramente estaría tan perdido con una revista The Wire que con una Rolling Stone­, pero que a sus setentaitantos años es capaz de entrar al canon de ambientalistas electrónicos de manera sigilosa e inmediata, sin pasar por ninguna sala de espera.

Echemos un vistazo a los títulos de este Works, que recopila piezas editadas en su mayoría en cintas por el sello ​ VCO de Steve Moore. Palabras como paz, fé, crisis, recuerdos, deseos, escombros, desierto, es decir, conceptos escapados de un libro de metafísica que Mogard ha transformado en drones, modulaciones lánguidas, espejismos de pads, resonancias polvorientas, letargos en forma de escalas, algunos pulsos más o menos percutivos, todo ello dando forma a ese tapiz monocromático que tan bien refleja la portada.

No se trata del industrial enérgico e implacable asociado al género que ayudó a fundar Throbbing Gristle, si no uno más espectral y sereno. No hay aquí fuego y carbón, más bien charcos de ácido, aceites empozados, nubes de óxido. El suyo es un ambient minimalista, pero no etéreo o cósmico. Tampoco movido por nada remotamente intelectual, ni tan siquiera orgánico. Como si una fábrica fuera un ser vivo que, al ser abandonada, es condenada a deambular en el limbo de las máquinas, entre paisajes escarpados y solitarios, hasta transformarse en el fantasma que da forma a estas atmósferas herrumbrosas. Abdul Mogard ha compuesto la banda sonora que rondará por nuestro planeta siglos después de que todo lo que respira haya desaparecido, sin nadie para escucharla excepto rocas y vapor.